I. La marcha de los feligreses
Esa misma noche, a la luz de la luna, de manera silenciosa y meticulosa, los sectarios de In Trans atacaron el pueblo. Se abalanzaron sobre sus víctimas como bestias. Los desollaron, mutilaron, y devoraron su carne; no dejaron evidencia alguna más que los huesos de las víctimas, que terminarían reduciéndose a cenizas, luego de que estos repugnantes adoradores del mal mismo quemaran el pueblo en su totalidad de una manera despiadada.
Incluyendo a los los supervivientes de las garras del monstruo de las mil caras, no quedaba nadie, salvo los detectives, un poco más alejados cerca del bosque.
Los feligreses con túnicas marrones, encapuchados, se dirigieron hasta la cabaña, con antorchas en mano, susurrando en latín algunas frases enfermizas y repugnantes de algún libro de las mismas características.
Dos de estos individuos, criaturas más que personas, de rostros pálidos, carentes de cabello, inexpresivos, insensibles, de corazón vacío, se acercaron a la cabaña, dejándose ver por el detective Agüero, creyendo en su delirio macabro que todos adentro de la cabaña dormían plácidamente.
Comenzaron a incendiar la cabaña desde afuera, y por dentro todo estaba impregnado de un humo negro como la oscura noche. Al cabo de un rato, la cabaña se redujo a cenizas, no quedo nada y nada más se supo de los investigadores.
Estas extrañas personas, adoradores de una criatura que es descrita como el mal mismo, se acomodaron en fila uno detrás del otro, y lentamente se dirigieron hacia las montes, cantaban esquizofrenias en voz baja, parecían muertos vivientes caminando bajo la luz de la luna. Portaban una especie de almohadón, donde yacía una llave muy extraña, parecía vibrar, cada vez más cuando la montaña estaba cerca.
II. La ceremonia: Llave, libro, altar
Llegamos ahora a un sitio horrible, atroz, desconocido totalmente para la humanidad (Salvo por los sectarios, si es que se los podía considerar humanos). Era un monte negro, y era el lugar sagrado donde se cumpliría una vez más, la profecía. Había un altar en el medio de la escena, sobre el cual estaba apoyado el 'Scriptum Horribillis', a su alrededor un círculo rojo dibujado con sangre, tenía en el galimatías y velas blancas ardiendo dentro del mismo. El sacerdote (Jorge), se encontraba dentro de ese círculo, leyendo pasajes del escrito en una lengua impronunciable. Los seguidores se pusieron alrededor del círculo, se tomaron de las manos y continuaron cantando en susurro algunos pasajes de aquel escrito espeluznante junto con el sacerdote. Luego de unos momentos, uno de los adoradores le alcanzó la llave al sacerdote.
-¿Gran Sacerdote, ha descifrado los escritos?- Preguntó el adorador
Luego de unos segundos de delirio y silencio, el Sacerdote, que vestía una túnica blanca, lo miró fijo con unos ojos que parecían ciegos, estaban totalmente blancos.
-Calla, insolente, por supuesto que sí- Contestó furioso -Podemos comenzar con la ceremonia, dame la llave-
El adepto le entregó la llave al Sacerdote, este la tomo rápidamente y la apoyo en el altar, a un lado del libro, y este último lo cerró. Volvió al círculo, y ahora todos los adoradores se tomaron de las manos, los cantos cesaron. Fue entonces cuando el Sacerdote habló.
-Hemos esperado este momento con anhelo durante años, durante siglos mejor dicho. La ceremonia se realizará, la profecía se cumplirá, y 'Mons Nigrum' regresará con sus fieles, para purificar el universo entero-Vociferó el hombre de blanco
-Ahora, prosigo a recitar el cántico ceremonial- Añadió.
Agonía y pesadillas
Corto ritual
Perdido en el cielo eterno
Caos sin final
Horribles palabras cantamos
Devora la tierra sin mas
A través de la horrible muerte
Nueva vida brindaras
En medio de la ceremonia, las balas interrumpieron la tétrica velada a la luz de la luna.
III. El final: La noche eterna, el devorador del universo
Volviendo al incendio de la casa, el detective Agüero se había percatado de lo mismo, y también sabía que los caníbales eran los sectarios que junto a Jorge, realizan la profecía. Rápidamente, salieron disparos por la ventana de atrás, corrieron al bosque y allí intentaron idear una estrategia. No había mucho tiempo, así que decidieron hacer todo lo posible por detener este ritual misterioso. Siguiéndole el paso a los feligreses, se ocultaron no muy lejos de la escena y esperaron, contemplando el horror. El final se acercaba, había que actuar, era ahora o nunca...
Vieron que Jorge se ponía a orar en medio del círculo, y cuando los sectarios tenían sus ojos cerrados, se abalanzaron sobre ellos, todos menos Agüero, quien quedó apuntando desde las sombras su revólver, contra el Sacerdote, el cual deliraba mientras realizaba la ceremonia.
Abrieron fuego e hirieron a varios de los sectarios, pero estos últimos contraatacaron con sus garras y sus dientes afilados, parecían bestias poseídas. Devoraron a ambos detectives, Peñuela murió descuartizado rápidamente, pero consiguió llevarse a dos adoradores con él al otro mundo. De Poli no pudo llevarse a nadie más, se arrastró por el suelo y en un pobre intento por escapar, fue decapitado y devorado en segundos por un par de aquellos delirantes seres, que en ese mismo momento, ya no eran humanos. Jorge no se interesó en el espectáculo y continuó, introdujo la llave en el libro. En ese mismo momento Agüero apretó del gatillo, apuntando justo a la cabeza del sacerdote, pero una criatura lo derribó, cayendo el detective de espaldas al suelo, la bala no impactó en el sacerdote.
-¡Kzyeiankf dhugntyri!-Gritó desaforo el sacerdote, en un dialecto impronunciable, y cayó de rodillas al suelo, mirando directamente al cielo.
La tierra, mejor dicho, la Tierra comenzó a sacudirse, había un gran sismo a nivel globo. Ya era de madrugada, por lo cual, los primeros rayos del sol amenazaban con penetrar, pero nunca sucedió esto, todo se oscureció de pronto, los cielos se estremecían, caían relámpagos azules por doquier, y se oían gruñidos provenientes del más allá, que azotaban el oído de las personas en todo el mundo. Varios sectarios murieron de locura en ese momento, con lágrimas en los ojos, lágrimas negras como aquella noche eterna que se presentó. El detective redujo a su atacante, y mató a Jorge de un disparo certero, pero no fue el héroe de la historia, fue demasiado tarde, el ritual se había cumplido, y la horrorosa criatura ya estaba aquí, en nuestro mundo. Puso la pistola en su cabeza, y terminó rápidamente con el sufrimiento.
Comenzó a llover alquitrán (Mejor dicho una sustancia parecida al alquitrán), era ácida, muy corrosiva, y esto comenzó a degradar la Tierra. Era nada más y nada menos que el cuerpo del monstruo, el cual era colosal, era grande y hasta MÁS grande que el planeta Tierra. Aquellos relámpagos azules eran sus lenguas, largas y pútridas, que salían a toda velocidad de sus innumerables bocas grotescas y gigantes, con las que saboreaba el suelo, e iba drenando los nutrientes del mismo velozmente. Los gruñidos en un idioma descrito como un aborto salido del más profundo de los infiernos, llevó a todos los habitantes del planeta a la locura, a la muerte, al fin. Ya estaba hecho el trabajo, Kzyeiankf devoró así, en pocos minutos, la Tierra en su totalidad, junto con sus adoradores, sus enemigos, y luego junto con la galaxia, y no muchos miles de años más tarde, junto con el universo en su totalidad... FIN...
Aunque rozando el plagio, y muy cercano a obras ya conocidas de Lovecraft, y posiblemente de otros autores también, este relato es un humilde homenaje a la literatura de terror cósmico, escrito por Kevin De Poli en colaboración de Franco Agüero y Nicolas Peñuela. Muchas gracias de antemano por leer, y para los que se hayan entusiasmado con este simple escrito, pueden estar seguros, que habrá mucho más de donde este vino. Saludos.
Pd: Cabe mencionar, que los detectives vivieron casos espantosos y aventuras dramáticas anteriores al final de la vida como la conocemos. Y también hay otras historias que quedan por contar... Paciencia, ya llegarán.
KFN
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