lunes, 19 de agosto de 2013

To Live is to Die

To Live is to Die
‘‘El diablo puede estar donde menos lo esperes’’

Idea original: Ivan Ezequiel Eroles Monllor
Escrito por: Kevin De Poli

En el mundo de la música siempre hubo una cuestión que me llamó la atención. Me pareció muy raro que los artistas más talentosos mueran en una temprana edad y más raro aún que le sucedieran hechos que nos les permitía hacer más aquello que tanto nos gusta: llevar a los seguidos del rock o del metal la música de cada día.
La inquietud era enorme, así que decidí ponerme a investigar. Descubrí que eran más de lo que pensaba, muchos más. Algunos de ellos son:

Cliff Burton, Metallica, 24 años (1962-1986)
John Lennon, The Beatles, 40 años (1940-1980)
Bon Scott, AC/DC, 33 años (1946-1980)
Dimebag Darrell, Pantera, 38 años (1966-2004)
Freddie Mercury, Queen, 45 años (1946-1991)

Cabe mencionar que había otros que no habían muerto, pero habían quedado inhabilitados para tocar. De entre ellos, voy a destacar un caso muy especial y famoso, el mismo lograría que mi investigación se tornara en un camino más serio.
Hablo del gran Jason Becker, el cual a una temprana edad y habiendo recibido lección de solo un amigo, componía e interpretaba totalmente fuera de este mundo. Becker sufre de Esclerosis lateral amiotrófica, una rara enfermedad que lo dejó inmóvil, sin siquiera la capacidad de hablar.
Hoy en día se comunica a través de un sistema en el que formula palabras a través de movimientos con sus ojos. Sin embargo, únicamente con sus ojos, Jason sigue componiendo música. El proceso es dificultoso, pero a él, ni el mismísimo Diablo podría detenerlo.
Con el paso del tiempo, fui recabando más información. Me encontré con más y más casos de artistas que habían fallecido a una corta edad. En un momento me pregunté a mi mismo, ¿Acaso existirá banda en la que no haya muerto algún miembro?
Por supuesto que sí, pero creo que el promedio de vida del músico es algo bajo, al menos, el de los grandes músicos. Recordé aquello que una vez había pensado, ‘‘Ni el mismísimo Diablo podría detenerlo’’. Me decidí por investigar sobre las artes oscuras. Averigüé que se podría llegar a contactar con el Diablo para hacer una especie de trato a cambio de entregar el alma, aunque yo nunca había creído en esas cosas, realmente me llamó la atención. No podía sacar conjeturas apresuradas, necesitaba pruebas, hechos verídicos para sostener mi teoría. 
Metallica, luego de varios años, volvía a la Argentina. Era una oportunidad única, tenía que intentarlo, podría saber qué pasó con aquel hombre, con Cliff Burton, por qué murió y si habían hecho un pacto con el Diablo o algo por el estilo. Llegué al estadio, gracias a un contacto, me infiltré con un puesto en la seguridad del concierto. Me escabullí hasta el pasillo que conectaba los camarines con el escenario y por allí pasaba James Hetfield, el cantante. Me acerqué lo más que puse y le pedí por favor que viniera, alegué que tenía un asunto muy importante y que necesitaba hablarle urgentemente. Él, aunque no disponía de mucho tiempo, se acercó hacia mí y le comenté que estaba investigando el porqué de las tempranas muertes de grandes músicos. Casualmente, el guitarrista de la banda, Kirk Hammett pasó por allí y se unió a la conversación. Ambos se interesaron en el asunto.
Charlamos un rato y aunque James solo decía que fue una casualidad la muerte de Cliff, Kirk estaba de mi lado y creía que había algo detrás del accidente. Kirk suspiró y dijo ‘’Nosotros le vendimos nuestro alma al Diablo, pero no a aquel típico ser rojo con cuernos y patas de cabra que figura en los textos bíblicos. Este ser usa traje y cortaba, es el mismo que todos conocemos, pero está cambiado. Casi todos vendemos nuestro alma a Satanás, y este nos quita algo que amamos. A Cliff le quitó la vida, a nosotros nos quitó a Cliff y con él además, parte de nuestra esencia de thrash metal que solía tener nuestra música. Nos llevó a hacer cosas que jamás creíamos que íbamos a hacer’’. Un encargado les hizo una señal, James y Kirk se marcharon, el concierto estaba a punto de empezar.
Luego del show, me retiré y continué con mi investigación. El próximo objetivo sería entonces el gran Jason Becker. Tuve la idea de hablar con el ex-Megadeth y mejor amigo de Becker, Marty Friedman, otro virtuoso de la guitarra. Tarde un buen tiempo en ubicarlo, invertí muchísimo dinero en viajes y luego de casi un año de trabajo logré obtener la dirección exacta de dónde se ubicaba. Cuando por fin lo hallé tuvimos una larga charla, en la cual comprendió muy bien mi propósito y me dijo cosas que jamás creí que escucharía.
Uno no puede simplemente vender su alma al Diablo, él debe presentarse ante tu rostro, aunque lo hará en la forma menos pensada. El Diablo te dará algo a cambio de otra cosa, pero nunca sabrás qué es lo que te quitará, es muy tramposo. Decir que uno vende su alma técnicamente es incorrecto. A Jason Becker se le presentó ante sus ojos el mismísimo Lucifer cuando tenía apenas 10 años. La bestia le ofreció ser uno de los mejores guitarristas de la historia, pero a cambio quería algo, que no iba a decir. Jason no aceptó el trato y el Diablo se retiró, colérico, ya que su plan se había frustrado.
Años más tarde, Becker se convirtió en uno de los mejores guitarristas de todo el mundo, lo que enfadó muchísimo a Satanás, ya que Jason había cumplido su cometido sin su ayuda. El Diablo lo maldijo, provocando en él una enfermedad que lo dejaría inmóvil, pero a Becker, ni el mismísimo Diablo podría detenerlo.
Logró componer con solo los movimientos de sus ojos, la única parte de su cuerpo que aún tiene movilidad. Jason Becker venció a Lucifer en su propio juego.
Antes de marcharme, le pregunté a Marty si alguna vez había tenido un encuentro con el Diablo, a lo que me contestó ‘’Digamos que ya no toco más en Megadeth’’.

Luego de la información que recaudé, pude llegar a la conclusión de que el Diablo puede presentarse en la forma menos esperada, quizá como un productor, quizá como una mujer, pero al fin y al cabo, siempre será el Diablo. También me quedé con algo importante, Satanás puede darte talento y fama, pero esto mismo se puede obtener sin recurrir a los sucios servicios de aquel señor. Esto es algo que me hace pensar mucho, así como por ejemplo, Freddie Mercury obtuvo probablemente la mejor voz y a cambio fue juzgado por su sexualidad, murió a una corta edad a raíz de una horrible enfermedad; hay muchos artistas más. A pesar de todo, un hombre logró vencer al Diablo y ni el mismo podría detenerlo.

viernes, 16 de agosto de 2013

La caja de arena

La caja de arena
Escrito por Kevin De Poli

Era un día normal, como cualquier otro. El cielo estaba celeste, ninguna nube se atrevía a cubrir la majestuosidad del Sol. Sus rayos penetrantes como veloces flechas hacían de esta tarde una tarde ideal para salir a jugar al patio de la casa. La tía Ermelinda cumplía años hoy, así que Ariel y su familia fueron de visita a la casa. La tía vivía en una casa grande. Era una casa color blanco, de madera. Tenía dos pisos y grandes ventanales. Un camino de baldosas de cerámica y un par de escalones, conectaban la vereda con un gran zaguán y con la puerta de entrada, una gran puerta color bordó. El papá tocó el timbre, el chirrido perturbó un poco a los hermanos, era un sonido agudo y poderoso, tétrico y tremebundo.
-¿Quién es?- Preguntó la tía, mientras observaba con su ojo curioso por la mirilla de la puerta.
-Somos nosotros, tía- Contestó el Papá, con una sonrisa dibujada en el rostro.
La tía se movió rápidamente y abrió las numerosas cerraduras de la puerta, abrió lentamente la puerta y el crujir de la misma asustó aún más a los pequeños. Estaba toda pintarrajeada, con un peinado bastante llamativo y una sonrisa de oreja a oreja.
-¡Buenas! ¿Cómo andan familia?- Exclamó la tía. No dejó responder a nadie y velozmente procedió a invitarlos a pasar a la casa. –Pasen, pasen-
La casa estaba decorada con muchos adornos y antigüedades, era del estilo antiguo, algunos de los mismos estaban cubiertos por telas, como si estuvieran siendo conservados o algo por el estilo. Había cuadros, alfombras, estatuillas, fotos, etcétera, etcétera.
En fin, la tía los invitó a sentarse a la mesa para comer y beber algo, los padres se acomodaron y los pequeños Ariel y Lautaro salieron al jardín a jugar.
Era un lugar perfectísimo, allí los hermanos podían disfrutar alejados del olor a perfume de la tía y su obsesivo cuidado por todas sus chucherías. Había muchas plantas y muchas flores de todos los colores y variedades; también una hamaca y un cajón de madera lleno de arena. La panorámica nos podría recordar a una pequeña plaza, o a un pequeño parque. Era un sitio estupendo para disfrutar de una tarde radiante.
Ariel, el mayor, con seis años de edad, lideró la travesía por el jardín. Lautaro, con cuatro años de edad, lo siguió a raja tabla. Jugaron un poco con una pelota al fútbol; Lautaro pateaba y su hermano atajaba, estuvieron así un rato y luego continuaron con sus actividades. Ariel hamacó a Lautaro un rato, y luego el mismo prosiguió a hacerlo solo. La tarde era genial, estaban muy contentos mientras los adultos hablaban de sus cosas y comían algo adentro. El último juego fue entonces la caja de arena, que nos recordaba a los areneros de las plazas, pero a menor escala y en el jardín de la tía Ermelinda. –Hagamos castillos, Ari- Sugirió Lautaro y su hermano asintió con la cabeza. Con sus pequeñas manos fueron armando castillos, primero hicieron una montaña grande con la arena húmeda del fondo de la caja, luego con una ramita hicieron unas columnas y de a poco fue tomando forma aquella edificación de arena.
–¡Está quedando muy bueno!- exclamó el Ariel con una sonrisa de oreja a oreja dibujada en el rostro, pero de repente, ese rostro cándido y feliz, se transformó en una mueca de horror y susto al oír un murmullo tenebroso, era parecido al quejido de algún monstruo, hambriento. –¿Escuchaste eso?- Preguntó –¿Qué cosa?- respondió su pequeño hermano. –Ese ruido, ¡era como si hubiese un monstruo aquí! Exclamó y Lautaro se quedó pálido -¿¡De veras!? Hay que avisarle a papá- dijo y ambos salieron disparados hacia la puerta trasera que conectaba la cocina con el jardín. La abrieron y el gato salió afuera, ronroneando y agitando el cascabel de su collar rosado. Los infantes ingresaron al comedor, donde yacían todos los adultos comiendo y riendo por las anécdotas disparatadas de la tía Ermelinda. Irrumpieron gritando y nerviosos. -¡Mamá, papá! ¡Hay un monstruo en el jardín!- dijeron espantados los dos al mismo tiempo. El papá se levantó de la silla y los llevó a la cocina, la tía sentada desde la mesa acotó que no tengan miedo, que era producto de su imaginación y la mamá, se quedó quieta en su silla, debido a que estaba esperando otro retoño y la constante movilidad la agobiaba. En la cocina, el padre se agachó hasta conseguir la misma altura que la de sus hijos, y los tranquilizó lo más que pudo, los acompañó hasta el jardín de la mano y les prometió que nada sucedería, pero realmente, estaba confundido. Un poco más tranquilos, pero alertas, salieron los hermanos a jugar. Fueron cuidadosamente por el jardín hasta llegar a la caja de arena, donde se quedaron. Llegaron y el castillo de arena estaba destruido, como si alguien le hubiera pasado por encima. Ariel se percató de algo, miró fijamente a una esquina de la caja y le pareció por un momento que la arena de la misma se movía, inquieta, y que ocultaba algo debajo de ella. Con más curiosidad que miedo, se acercó lentamente. Dicen que la curiosidad mató al gato, no sé si este dicho sea cierto, pero el pequeño se llevó una sorpresa. Llegó a divisar la cola peluda del gato, y tras un maullido de dolor, se hundió en lo profundo de la caja, que parecía no tener fin. Solo quedó el collar con el cascabel a la vista, el animal había desaparecido. -¡Lauti, la arena se comió al gato! ¿Lo viste?- exclamó atónito -¿Cómo? No, no lo vi- Respondió su hermano. Ariel levantó con mucho escrúpulo el collar y se lo enseñó a Lautaro, el cual se pondría pálido y comentaría –Papá dijo que no pasaba nada, seguramente se le calló por casualidad-
Decepcionado, Ariel se levantó y se fue a hamacar, más triste que enojado por la postura de su hermano y no le volvió a hablar por unos momentos. Lautaro continuó, más despreocupado, armando su castillo de arena una vez más. Cuando se levantó de la hamaca, fue hasta la caja de arena y dijo -¿Terminaste el castillo, Lauti?- para encontrarse con el horror mismo. La arena se revolvía sin cesar en la inmensidad de la caja, donde el cuerpo sin vida de su hermano estaba cubierto por la arena dorada. Sus ojos y su boca estaban repletos de la misma, y se hundía de a poco, quieto y muerto. Ariel gritó, gritó tan fuerte que su padre salió a ver qué había pasado. El padre se cruzó con la espeluznante escena. Ariel estaba llorando sobre el cuerpo inanimado de su hermano, mirándolo perdido y fuera de sus cabales. El padre miró a su hijo y le dijo -¿Qué hiciste Ariel?- con lágrimas en los ojos -¡Fue la arena de la caja papá, también se llevó al gato, mira!- y le enseñó el collar del gato. La arena estaba quieta, no había movimientos. En ese momento, el gato pasó andando por el jardín, bajaba de un árbol.
-¿Por qué me mentís? Ahí está el gato. ¿Cómo pudiste hacerlo esto a tu hermano?- Dijo triste y colérico al mismo tiempo.
Ariel lloró, gritó, pataleó y juró sobre su tumba que los hechos que contaba eran verídicos, pero la familia no confiaba en él y los estudios provocaron que fuera internado en un hospital psiquiátrico. ¿Había realmente imagino todo? ¿Había matado a su pequeño e inocente hermano? ¿Había enloquecido? Realmente no sabría decirles, pero sí puedo decirles la noticia que leí hoy en el diario. Fue hallado un cuerpo de una mujer de mediana edad asfixiada por la arena de una caja que había en su patio. La tía ordenando su jardín también sucumbió ante el horror, hoy, 16 de agosto del año 2013, se cumplen 25 años del terrible acto. El muchacho sigue retorciéndose en el manicomio, hasta el día de hoy, se desconoce la verdad sobre este hecho, y la verdad sobre la caja de arena.

FIN

miércoles, 14 de agosto de 2013

El manicomio

El manicomio
Idea Original: Iván Ezequiel Eroles Monllor
Escrito por: Kevin De Poli


Eran las dos de la madrugada en un pequeño pueblo alejado de París. Me encontraba haciendo la guardia nocturna, en la puerta del manicomio donde trabajaba, cuando de pronto llegó un auto al lugar. Bajaron tres hombres vestidos con traje negro y corbata roja, muy pulcros. Un tanto apresurados, se dirigieron hacia el baúl y sacaron del mismo a una persona. Tenía las manos atadas, el rostro cubierto con un saco y unas ropas raídas, que poco lo protegían del frío que marcaba la llegada de un cruel y largo invierno. Lo tomaron por los hombros de una forma un tanto brusca, y lo arrojaron literalmente en el umbral donde yo me encontraba, donde allí a mis pies, se retorció y gimió desaforado.
No me permitieron hablar; arrojaron al lado del individuo unos papeles, que aparentaban ser una orden de traslado con los datos del mencionado. Miré fijamente a estos extraños hombres, y uno de estos tres me dijo -Ahora es su problema- para luego pisar fuerte el acelerador y desaparecer en milésimas de segundos dejando detrás de sí una cortina de humo gris, que emanaba el escape del auto.
Todo sucedió en escasos segundos, yo me quedé atónito, pero no lo dude ni un momento y me miré los papeles que habían dejado. Leí la identificación del sujeto, su nombre era James Harrison, oriundo de Inglaterra, 40 años de edad, viudo. Anexada a los datos del hombre, había más información. Comentaba en esta hoja que Harrison fue hasta no hacía mucho tiempo un prestigiado profesor de la universidad de Oxford. Hacía un año, en una noche de tormenta, cuando su mujer volvía de trabajar en un centro de investigaciones. Cuando estaba ingresando en su hogar, de la nada un rayo penetró en su camino y la fulminó, frente a los ojos de su marido. Allí se quedó el quieto, anonadado, y luego se volvió totalmente loco. Las autoridades locales dijeron que él era un asesino, y que había matado a su esposa, utilizando esa descabellada historia para cubrir sus actos y su psicopatía. Pasó un tiempo hasta que James probó su inocencia y quedó libre. Cuando estaba comenzando a recobrar la cordura, empezó a hablarle a los espejos.
Él se quedaba horas frente a los espejos de su vivienda, a los cuales les hablaba día y noche, con ojos idos y una sonrisa de oreja a oreja.
No dejaron que pase mucho tiempo más en ese estado, y fue llevado a un manicomio en Inglaterra, pero apenas llegó, ocurrieron sucesos extraños en el establecimiento. Pidió durante largos y tediosos días un espejo a gritos, luego de la tortura, Harrison obtuvo lo que quería y se pasó horas y horas mirando el espejo. A veces le hablaba, susurrando. Otras veces simplemente lo miraba, inmerso en un mar de demencia. Pasaron los días y Harrison comenzó a perder el apetito, simplemente pasaba todo el día y toda la noche mirando al espejo, desquiciado. Su piel comenzó a teñirse de un gris claro, y se puso raquítico, ya que no probaba bocado en todo el día. Ni siquiera dormía, solo miraba al espejo, esa era su pobre y enfermiza vida. Una noche de tormenta, Harrison enloqueció y con una fuerza sobrehumana rompió la puerta de la habitación donde residía. Ahorcó a los guardias que lo custodiaban e intentó escapar del lugar. Fue al fin detenido mediante los disparos de unos dardos con tranquilizantes. El traslado a otro hospital psiquiátrico fue inmediato.
Termine de leer el escrito ya adentro del manicomio, y en ese momento no lo dudé, le hablé al director del establecimiento para que se informase. Estaba aterrado, así que me puse a trabajar con los médicos y los otros guardias para trasladarlo a una habitación de máxima seguridad. No había pasado ni siquiera una hora desde que James había ingresado al manicomio, y sus gritos tremebundos hacían del hospital un sitio más hórrido del que ya era.
Los alaridos se oían en todos lados, como si su voz hubiera estado amplificada por un megáfono. Parecían gritos de dolor, de sufrimiento, como si fuera torturado en las profundidades del averno.
El horrible hombre, gris y desnutrido, gritaba sin cesar pidiendo un espejo. Finalmente, luego de un largo rato, cedimos y le entregamos un pequeño espejo que había en la recepción. Lo observamos entonces desde la ventana que daba adentro de su habitación. Susurró un galimatías, con una voz oscura y maléfica. Estuvo así por escasos segundos, y entonces, ocurrió algo que nadie esperaba.
Pocos saben lo que realmente sucedió aquel 6 de diciembre del año 1963.
Lo que vi junto a mis colegas, no podrá ser olvidado jamás, pues James Harrison se desintegró, recudiéndose a cenizas, unas cenizas grises que desprendían un humo del mismo tono, con un olor repugnante. Luego del suceso, el espejó estalló y se quebró en mil pedazos.
A la mañana siguiente, renuncié. Me mudé lejos con mi familia, y nunca más hasta el día de hoy toqué el tema. A veces recuerdo el rostro enfermo de Harrison, y ese momento cuando el espejo se quebró en mil pedazos. . .


…FIN…

lunes, 29 de julio de 2013

El Espejo

                                                                               El Espejo
                                                     
                                                         Idea original Iván Ezequiel Eroles Monllor
                                                                   Escrito por Kevin De Poli


Recuerdo muchas cosas de los 90s... El álbum negro, Nirvana, mi primera guitarra y mi primera novia. Fue en el año 1997 cuando ocurrió aquel hecho que iba a cambiarme la vida para siempre. Había conocido a Luci, una muchacha de 13 años de edad, era pequeña, con un cuerpo normal para la edad que tenía, cabello largo castaño y lacio; y unos ojos que me hipnotizaban cada vez que se cruzaban con mi mirada. Yo tenía 15 años, y estaba perdidamente enamorado. Eramos novios desde hacía ya 3 meses.

El día 6 de julio de 1997 fui con Luci, su hermano a la casa de Naiara, una amiga de ella que vivía en el barrio de Saavedra. La terraza estaba cultivada por una gran variedad de árboles, arbustos y todo tipo de vegetación que hacía de aquel lugar, un paraíso botánico.

La recorrimos por completo, y nos percatamos de que se acercaba una gran tormenta. Estábamos en un quinto piso, y la altura nos proporcionó una vista estupenda de la Avenida General Paz y una gran panorámica de la ciudad. Nos colocamos todos sobre la baranda que daba hacia la avenida y comenzamos a disfrutar de un increíble show de luces que estremecía los cielos. Estaba un poco nervioso, no disfrutaba de las tormentas eléctricas y bastante aterrado, tomé la mano de Luci. De pronto, hubo una explosión.

Fue entonces cuando un relámpago violáceo, extremadamente ruidoso, penetró en la terraza, cayendo sobre mi novia. El impacto hizo que todos saliéramos despedidos lejos de la zona de la explosión.

Luego de unos momento, logré ponerme de pie. Pero apenas lo hice, me desplomé en el suelo nuevamente, inmerso en un mar de lágrimas de dolor y sufrimiento. No podía, ni quería creer lo ocurrido. Luci ya no estaba, fue como si se hubiera desvanecido con la explosión, no quedaba ni un rastro de ella.

Las venas de mi mano izquierda, con la cual sostuve la mano de ella habían adoptado un color violeta, y me ardían de una forma inhumana.
Una vez que todos recobramos las fuerzas, nos pusimos de pie y fuimos consientes de la situación vivida afuera. Salimos en busca de Luci, si es que había caído en la calle o algo por el estilo... Pero no hubo suerte.

Con el paso de los meses, cada vez se habló menos de la situación, pero yo no podía dejar de pensar en ella. Por algún extraño motivo, sentía la presencia de Luci, para mi, ella seguía viva.
Tratando de distraerme, me enfoqué en la música. Fue como si un milagro hubiera ocurrida, la mano que resultó afectada por aquel rayo, era totalmente hábil en la guitarra. Gracias a eso, y a las letras que escribí hundido en el más profundo océano de la depresión que padecí, logré alcanzar la gloria.

Habían pasado 10 años desde que ocurrió aquel incidente. En ese momento, yo era un reconocido guitarrista y cantante a nivel mundial; era millonario, y con la vida que cualquier músico querría. Pero nada de lo que tenía me satisfacía. Sentía que Luci seguía con vida, que estaba en algún lado, y tenía la necesidad de encontrarla.

Me encontraba en mi mansión, en una fiesta que yo mismo organicé. Las mujeres que tenía a mi alrededor, eran como juguetes viejos que ya no me complacían. La rutina de mis días era siempre la misma, sexo, alcohol, y rock n roll.

La voz de Luci hacía eco en mi cabeza, me llamaba y no era la primera vez que ocurría. Fui al baño, me lavé la cara y cuando levanté la mirada y la clavé en el espejo, la vi. Allí estaba Luci, con sus 13 años de edad, dentro de lo que parecía una habitación de acero, una prisión. Estaba atrapada . De a poco se acercó a mí, y apoyó su mano del otro lado del espejo. No la escuchaba, pero por la forma en que movía sus labios, deduje que decía ''Sálvame''. Desapareció y yo, colérico, destruí con mis propias manos aquel espejo. Angustiado, retorné al barrio de Saavedra, donde vi a Luci por última vez. Donde yacía la viviendo de Naiara ahora había un gran centro comercial llamado ''Dot''. Me paseé un rato por adentro y no tardé mucho tiempo en subir a la terraza, y frente a cientos de personas, a cientos de metros de altura, me apoyé en la baranda y miré a los cielos estremecerse entre truenos y relámpagos, para luego lanzarme hacia el vacío.

Mientras caía, vi a Luci por un momento, y no llegué a tocar el suelo cuando de pronto todo se oscureció, todo se volvió negro por un instante.
Abrí los ojos lentamente. Me encontraba en una habitación que parecía plateada, pero luego me dí cuenta que estaba hecha de espejos, me miré en la infinidad de los reflejos y de la nada apareció ella. Algo había cambiado en mí también, me veía como cuando tenía 15 años. Nos abrazamos y ella me dijo con lágrimas en los ojos -Gracias-

La habitación comenzó a desvanecerse para dar lugar a la misma escena de aquel 6 de julio de 1997. Nos encontrábamos allí de nuevo, pero parecía que todo sucediera en cámara lenta. Luci estaba a mi lado, junto con su hermano y su amiga. Vi de pronto ese resplandor violeta en las nubes. El recuerdo volvió rápido a mi mente, y sin pensarlo dos veces, empujé a mi novia lejos del lugar, y el rayo impactó en la baranda de acero, provocando de nuevo una gran explosión y un temblor. Nos levantamos del suelo aturdidos por el impacto, ella me besó y me dijo ''Dios mío, muchas gracias, no sé que habría sucedido si ese rayo nos golpeaba, gracias, gracias'' La miré y con lágrimas en mis ojos, le dije que siempre estaría para cuidarla, y los dos comenzamos a llorar, emocionados, en un abrazo cálido y tierno que literalmente duró para siempre
                       
                                                            ...FIN...

domingo, 28 de julio de 2013

Final

                                                                    Relatos de La Lupa
                               
                                                            I. La marcha de los feligreses


Esa misma noche, a la luz de la luna, de manera silenciosa y meticulosa, los sectarios de In Trans atacaron el pueblo. Se abalanzaron sobre sus víctimas como bestias. Los desollaron, mutilaron, y devoraron su carne; no dejaron evidencia alguna más que los huesos de las víctimas, que terminarían reduciéndose a cenizas, luego de que estos repugnantes adoradores del mal mismo quemaran el pueblo en su totalidad de una manera despiadada.

Incluyendo a los los supervivientes de las garras del monstruo de las mil caras, no quedaba nadie, salvo los detectives, un poco más alejados cerca del bosque.

Los feligreses con túnicas marrones, encapuchados, se dirigieron hasta la cabaña, con antorchas en mano, susurrando en latín algunas frases enfermizas y repugnantes de algún libro de las mismas características.

Dos de estos individuos, criaturas más que personas, de rostros pálidos, carentes de cabello, inexpresivos, insensibles, de corazón vacío, se acercaron a la cabaña, dejándose ver por el detective Agüero, creyendo en su delirio macabro que todos adentro de la cabaña dormían plácidamente.

Comenzaron a incendiar la cabaña desde afuera, y por dentro todo estaba impregnado de un humo negro como la oscura noche. Al cabo de un rato, la cabaña se redujo a cenizas, no quedo nada y nada más se supo de los investigadores.

Estas extrañas personas, adoradores de una criatura que es descrita como el mal mismo, se acomodaron en fila uno detrás del otro, y lentamente se dirigieron hacia las montes, cantaban esquizofrenias en voz baja, parecían muertos vivientes caminando bajo la luz de la luna. Portaban una especie de almohadón, donde yacía una llave muy extraña, parecía vibrar, cada vez más cuando la montaña estaba cerca.


                                                 II. La ceremonia: Llave, libro, altar

Llegamos ahora a un sitio horrible, atroz, desconocido totalmente para la humanidad (Salvo por los sectarios, si es que se los podía considerar humanos). Era un monte negro, y era el lugar sagrado donde se cumpliría una vez más, la profecía. Había un altar en el medio de la escena, sobre el cual estaba apoyado el 'Scriptum Horribillis', a su alrededor un círculo rojo dibujado con sangre, tenía en el galimatías y velas blancas ardiendo dentro del mismo. El sacerdote (Jorge), se encontraba dentro de ese círculo, leyendo pasajes del escrito en una lengua impronunciable. Los seguidores se pusieron alrededor del círculo, se tomaron de las manos y continuaron cantando en susurro algunos pasajes de aquel escrito espeluznante junto con el sacerdote. Luego de unos momentos, uno de los adoradores le alcanzó la llave al sacerdote.

-¿Gran Sacerdote, ha descifrado los escritos?- Preguntó el adorador

Luego de unos segundos de delirio y silencio, el Sacerdote, que vestía una túnica blanca, lo miró fijo con unos ojos que parecían ciegos, estaban totalmente blancos.

-Calla, insolente, por supuesto que sí- Contestó furioso -Podemos comenzar con la ceremonia, dame la llave-

El adepto le entregó la llave al Sacerdote, este la tomo rápidamente y la apoyo en el altar, a un lado del libro, y este último lo cerró. Volvió al círculo, y ahora todos los adoradores se tomaron de las manos, los cantos cesaron. Fue entonces cuando el Sacerdote habló.

-Hemos esperado este momento con anhelo durante años, durante siglos mejor dicho. La ceremonia se realizará, la profecía se cumplirá, y 'Mons Nigrum' regresará con sus fieles, para purificar el universo entero-Vociferó el hombre de blanco

-Ahora, prosigo a recitar el cántico ceremonial- Añadió.

                                                   Agonía y pesadillas
                                                   Corto ritual
                                                   Perdido en el cielo eterno
                                                   Caos sin final
                                                   Horribles palabras cantamos
                                                   Devora la tierra sin mas
                                                   A través de la horrible muerte
                                                   Nueva vida brindaras

En medio de la ceremonia, las balas interrumpieron la tétrica velada a la luz de la luna.

                                                 

                            III. El final: La noche eterna, el devorador del universo

Volviendo al incendio de la casa, el detective Agüero se había percatado de lo mismo, y también sabía que los caníbales eran los sectarios que junto a Jorge, realizan la profecía. Rápidamente, salieron disparos por la ventana de atrás, corrieron al bosque y allí intentaron idear una estrategia. No había mucho tiempo, así que decidieron hacer todo lo posible por detener este ritual misterioso. Siguiéndole el paso a los feligreses, se ocultaron no muy lejos de la escena y esperaron, contemplando el horror. El final se acercaba, había que actuar, era ahora o nunca...

Vieron que Jorge se ponía a orar en medio del círculo, y cuando los sectarios tenían sus ojos cerrados, se abalanzaron sobre ellos, todos menos Agüero, quien quedó apuntando desde las sombras su revólver, contra el Sacerdote, el cual deliraba mientras realizaba la ceremonia.

Abrieron fuego e hirieron a varios de los sectarios, pero estos últimos contraatacaron con sus garras y sus dientes afilados, parecían bestias poseídas. Devoraron a ambos detectives, Peñuela murió descuartizado rápidamente, pero consiguió llevarse a dos adoradores con él al otro mundo. De Poli no pudo llevarse a nadie más, se arrastró por el suelo y en un pobre intento por escapar, fue decapitado y devorado en segundos por un par de aquellos delirantes seres, que en ese mismo momento, ya no eran humanos. Jorge no se interesó en el espectáculo y continuó, introdujo la llave en el libro. En ese mismo momento Agüero apretó del gatillo, apuntando justo a la cabeza del sacerdote, pero una criatura lo derribó, cayendo el detective de espaldas al suelo, la bala no impactó en el sacerdote.

-¡Kzyeiankf dhugntyri!-Gritó desaforo el sacerdote, en un dialecto impronunciable, y cayó de rodillas al suelo, mirando directamente al cielo.

La tierra, mejor dicho, la Tierra comenzó a sacudirse, había un gran sismo a nivel globo. Ya era de madrugada, por lo cual, los primeros rayos del sol amenazaban con penetrar, pero nunca sucedió esto, todo se oscureció de pronto, los cielos se estremecían, caían relámpagos azules por doquier, y se oían gruñidos provenientes del más allá, que azotaban el oído de las personas en todo el mundo. Varios sectarios murieron de locura en ese momento, con lágrimas en los ojos, lágrimas negras como aquella noche eterna que se presentó. El detective redujo a su atacante, y mató a Jorge de un disparo certero, pero no fue el héroe de la historia, fue demasiado tarde, el ritual se había cumplido, y la horrorosa criatura ya estaba aquí, en nuestro mundo. Puso la pistola en su cabeza, y terminó rápidamente con el sufrimiento.

Comenzó a llover alquitrán (Mejor dicho una sustancia parecida al alquitrán), era ácida, muy corrosiva, y esto comenzó a degradar la Tierra. Era nada más y nada menos que el cuerpo del monstruo, el cual era colosal, era grande y hasta MÁS grande que el planeta Tierra. Aquellos relámpagos azules eran sus lenguas, largas y pútridas, que salían a toda velocidad de sus innumerables bocas grotescas y gigantes, con las que saboreaba el suelo, e iba drenando los nutrientes del mismo velozmente. Los gruñidos en un idioma descrito como un aborto salido del más profundo de los infiernos, llevó a todos los habitantes del planeta a la locura, a la muerte, al fin. Ya estaba hecho el trabajo, Kzyeiankf devoró así, en pocos minutos, la Tierra en su totalidad, junto con sus adoradores, sus enemigos, y luego junto con la galaxia, y no muchos miles de años más tarde, junto con el universo en su totalidad... FIN...





Aunque rozando el plagio, y muy cercano a obras ya conocidas de Lovecraft, y posiblemente de otros autores también, este relato es un humilde homenaje a la literatura de terror cósmico, escrito por Kevin De Poli en colaboración de Franco Agüero y Nicolas Peñuela. Muchas gracias de antemano por leer, y para los que se hayan entusiasmado con este simple escrito, pueden estar seguros, que habrá mucho más de donde este vino. Saludos.

Pd: Cabe mencionar, que los detectives vivieron casos espantosos y aventuras dramáticas anteriores al final de la vida como la conocemos. Y también hay otras historias que quedan por contar... Paciencia, ya llegarán.


                                                             

                                                                         KFN

sábado, 27 de julio de 2013

El monstruo de las mil caras

                                                              Relatos de La Lupa
                                                      El monstruo de las mil caras


Nacido de la inmensa figura de Kzyeiankf en Udnaprut, este monstruo horrendo, bautizado Haudjoepmk por su creador, con figura humanoide, carente de rostro (Tiene una máscara blanca en el centro de su cuerpo, ese es su verdadero ''rostro''). Vino a vivir a la Tierra hace miles de años, y fue encerrado mediante magia desconocida en las páginas del Scriptum Horribilis por un sacerdote. Recientemente fue liberado, para proteger a los miembros de la secta (En realidad, fue liberado por error, al leer un pasaje del hórrido escrito, invocado por accidente), y yace escondido entre las sombras en el ático de una casa en el medio del bosque, donde allí, recolecta los cuerpos de sus víctimas. La criatura se alimenta de los rostros de las personas, esto no mata a las personas, las deja en un estado de dolor y sufrimiento que sólo les permite gemir de dolor hasta la locura, allí es cuando los devora enteros con su cuerpo (Carece de boca). Los rostros de los cuales se alimentan adornan su cuerpo. Habla, escucha y ve con todas sus caras. Luego de algún tiempo, va desechando las máscaras y cambiandolas. Cuenta la leyenda, y de ahí su apodo, que ha llegado a poseer una forma gigantesca, y mil caras. Fue devuelto al libro de donde salió por el detective Peñuela, el cual descubrió su debilidad, aquella máscara blanca del centro de su cuerpo, si es destruida, el monstruo también. Nunca es tarde para que la bestia vuelva a arrastrarse hacia sus víctimas y tome sus rostros...


La casa de los gemidos

                                                                        Relatos de La Lupa
                                                                     La casa de los gemidos

Los detectives viajaron durante toda la noche y toda la madrugada por la ruta, donde continuaron ideando sus hipótesis sobre lo que estaba sucediendo. De Poli comentó entonces lo que le habían informado sus superiores.

-Ayer me llegó la información de que en este pueblo del interior, están sucediendo cosas muy extrañas y parece que existe una conexión con nuestro caso. Se denunciaron casos de gente mutilada y atacada por otras personas en medio de la noche, al parecer, fue un ataque de caníbales. Pero eso no es todo, también la gente está desapareciendo sin dejar rastro alguno, hay que averiguar por qué motivo y si es posible, localizar a la gente que falta en el pueblo (Decía mientras leía una lista de unos 15 personas desaparecidas en la población)-

Llegaron al pequeño pueblo, cansados, nerviosos y aún traumatizados por todo lo que les ocurrió en el transcurso de los días. Se hospedaron en una cabaña, un poco más alejada del pueblo, que se encontraba más adentrada en el bosque. Descansaron una hora y no perdieron el tiempo.

Se pasearon por el pueblo, el cual parecía completamente fantasma, deshabitado, el único ruido que se percibía era el soplido de la brisa de otoño, y nada más. De pronto, un sujeto pálido con la mirada perdida se acercó a los detectives y empezó a gritar

-SE LOS ESTÁ LLEVANDO, SE LOS ESTÁ LLEVANDO, NO QUIERE QUE NOS ACERQUEMOS A LO QUE ESTÁ PROTEGIENDO- Deliraba el paisano.

Algunas personas salieron de una casa, escuchando los gritos y un hombre trató de calmar al loco.

-Tranquilo Armando, tranquilo, ¿por qué no vas a tomar algo a la cantina?-

El loco huyó despavorido sin decir una palabra. El otro hombre era un residente del pueblo, se llama Ernesto, parecía estar ''a cargo'' del lugar en estos momentos de histeria y pánico causados por las desapariciones y ataques de caníbales repetitivos.

-Detectives, al parecer vienen a resolver el caso- Comentó Ernesto, mientras estrechaba su mano con la de los hombres.

-Si, a eso venimos, ¿podría contarnos un poco en detalle la situación?- Contestó Peñuela.

-Bueno, este siempre fue un pueblo tranquilo, pero desde hace una semana, un grupo de personas muy extrañas nos ataca, son caníbales, vienen por nosotros a devorar nuestra carne, a mutilarnos y saborearnos... Nos escondemos día y noche para que nada malo nos suceda, pero también empezó a desaparecer gente, ya son unos 10 o 15 los desaparecidos dentro de la población, quedamos muy pocos, no sabemos qué hacer-

-Bien, puede estar tranquilo, vamos a hacer todo lo posible para cuidarlos y devolver a los desaparecidos al pueblo- Dijo Agüero

-Muchas gracias detective- Respondió Ernesto y volvió con su gente dentro de la casa donde se refugiaban del peligro.

Antes que que anochezca, reconocieron el lugar, buscaron pistas, hablaron con gente y no encontraron nada realmente... Bastante frustrados, se fueron a descansar en la cabaña. Era la 1 de la madrugada, cuando de pronto Agüero se despertó y no podía dormir. Se levantó, se preparó un mokaccino y se sentó en una silla a mirar por la ventana el bosque, iluminado por la luna llena. Era una noche estrellada, sin nubes, muy bella.

De pronto, mientras se mojaba los labios en la taza, escuchó un gemido de dolor, de horror, de sufrimiento, proveniente del bosque. Comenzó siendo un leve sonido, pero luego se transformó en una melodía lacerante. El detective despertó a sus compañeros y los invitó a investigar en el bosque, si, investigar el bosque en medio de la noche.

Salieron armados y con linternas, en busca de lo desconocido. Se guiaban por aquellos gemidos horrendos, que de a poco iban perturbando cada vez más y más a los tres hombres.

Entonces, se escuchó un ruido entre las plantas, como si algo se hubiera caído en el pasto. Agüero alumbró con su linterna y llegó a visualizar un cuerpo, de espaldas, sin ninguna herida, quieto.
El detective se acercó al cuerpo, y cuidadosamente lo dio vuelta, vio su rostro y exclamó
-¡Por Dios!- Agüero estaba cara a cara, literalmente, con una persona totalmente normal, solo que carecía de rostro, era como si estuviera vacío. No tenía ojos, no tenía boca, no tenía cejas, ni barbilla, ni pómulos, no tenía nada, pero su corazón continuaba latiendo...

Los detectives volvieron al pueblo cargando al cuerpo, y tratando de dormir un poco. A la mañana siguiente lo analizaron, estaba completamente bien, pero parecía dormido. De repente, comenzó a gemir de dolor, como si su boca estuviera cosida. No tenían como que hacer con él, no podía hablar, no podía ver, no podía hacer nada. Los detectives esa noche, volvieron al bosque, se adentraron aún más, en busca de aquellos gemidos de horror que provenían del corazón del mismo. Podía sentirse, estaban muy cerca, y fue entonces cuando encontraron unas gran casa en el medio del bosque. Vieja, abandonada, horrenda, espeluznante, no alcanzan los adjetivos para describir su fealdad y el miedo que provoca estar allí.

Abrieron la puerta de la casa y entraron lentamente, uno atrás del otro. Agüero iba al frente, alumbrando con su linterna. La casa estaba vacía, llena de telas de araña, polvo, antigüedad. Los gemidos venían del piso de arriba. Comenzaron a subir lentamente por las escaleras, y llegaron al piso de arriba, el cual aún continuaba vacío. Lo revisaron cuidadosa y silenciosamente. Vacío. Fue en ese momento cuando Peñuela descubrió la puerta de un ático, tiro de un cordel, bajó una escalera y los gemidos provenían de aquel cuarto, estaban a metros del objetivo. Subieron por esa escalera de madera que crujía con cada paso que daban para subir, Agüero al frente, alumbró con su linterna y de pronto se encontró con una multitud de personas, todas en el estado de aquel cuerpo que encontraron en el bosque el día anterior, los gemidos de esas personas 'mudas' penetraban sin cesar en las mentes de los detectives, era un ruido horrendo y muy tenebroso.

Los cuerpos estaban atados, sin heridas, y uno de ellos en particular TENÍA ROSTRO, entonces los detectives decidieron liberarlo, ellos ahora suponían que eran los habitantes del pueblo desaparecidos. De pronto se escuchó un crujir en las tablas del piso del ático, algo se movía, algo se acercaba reptando hacia donde se encontraban los 3 hombres armados, esperando el peligro. Esta persona que aún tenía rostro, comenzó a gritar horrorizado, los detectives se dieron la vuelta y se encontraron con una criatura venida del más allá, tenía una forma humanoide, negra como el alquitrán, poseía una especie de tentáculos y muchísimas caras (Como máscaras) alrededor de su figura. El monstruo se abalanzó sobre este joven, y en cuestión de segundo le arrancó el rostro, que añadiría entonces a su colección. Miró con sus numerosos ojos a los detectives, y estos comenzaron a correr, perseguidos por la criatura. Abrieron fuego, sin conseguir herirlo, el monstruo continuaba en su carrera por destruir a los detectives.

Se dividieron e intentaron idear un plan. La bestia comenzó ahora a rugir, furioso, pegaba alaridos apocalípticos.  Agüero se vió en un mano a mano con la criatura, comenzó a disparar directo al cuerpo, mientras corría para despistarla. De Poli y Peñuela comenzaron a amontonar muebles viejos y sucios para realizar una barricada, así, en la sala, el monstruo no tenía retorno al ático. Agüero corrió y continuó disparando, De Poli salió de las sombras y abrió fuego también, en conjunto, le dispararon repetidas veces y lograron herirlo, le dispararon cerca del centro del ''pecho'', y se reveló algo. Era un rostro, pero completamente rojo, nos recordaba a un corazón. La criatura estaba encerrada, y los detectives se quedaron sin balas, pero el ingenio de Peñuela fue el que salvó el día. Dio un tiro certero y letal hacia aquella cara, justo antes de que logre devorar a sus compañeros, y cayó al suelo, gimiendo de dolor, hasta que esa sustancia negra se desvaneció y los rostros desaparecieron. Solamente quedó una cara, como una máscara, sin expresiones, blanca, con el impacto de la bala.

Volvieron al ático, y allí la gente se encontraba normal, todos recuperaron sus rostros, estaban shockeados y tristes, muchas gritaban y lloraban por la emoción. Escoltaron a los habitantes hasta el pueblo, y retornaron al mismo, victoriosos.

Aún no había salido el sol, y después de combatir contra esa horripilante criatura, no tuvieron mejor idea que irse a descansar. Agüero estaba leyendo el anotar que le había facilitado De Poli, donde ahí detallaba lo que Osvaldo había dicho en su lecho de muerte. Le llamó la atención algo, y sacó conjeturas.

-Caníbales... tribu de caníbales... secta... los ataques de caníbales...(Pensaba)-

Levanto la vista y miró por la ventana, allí estaba de nuevo, aquel rostro pálido, idéntico al que había visto en la casa del Sr. Peñuela, mirándolo, con ojos inexpresivos. Salió disparado del sillón y comenzó a gritar a sus compañeros, los cuales estaban dormidos.

-NO ES SEGURO, TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ- Vociferaba mientras corría eufórico y tomaba su arma.

Sus compañeros se despertaron sobresaltado, se pusieron juntos, espalda contra espalda, con sus armas cargadas, listos para el peligro. Se escuchaba el picaporte de la puerta, estaba siendo forzado, alguien quería entrar. En ese momento, una especie de humo de color negro comenzó a entrar por la rendija que queda debajo de la puerta, la cabaña comenzaba a inundarse de humo, y en ese momento, comenzó a arder en llamas, unas llamas que ardían como en el mismísimo infierno...