La casa de los gemidos
Los detectives viajaron durante toda la noche y toda la madrugada por la ruta, donde continuaron ideando sus hipótesis sobre lo que estaba sucediendo. De Poli comentó entonces lo que le habían informado sus superiores.
-Ayer me llegó la información de que en este pueblo del interior, están sucediendo cosas muy extrañas y parece que existe una conexión con nuestro caso. Se denunciaron casos de gente mutilada y atacada por otras personas en medio de la noche, al parecer, fue un ataque de caníbales. Pero eso no es todo, también la gente está desapareciendo sin dejar rastro alguno, hay que averiguar por qué motivo y si es posible, localizar a la gente que falta en el pueblo (Decía mientras leía una lista de unos 15 personas desaparecidas en la población)-
Llegaron al pequeño pueblo, cansados, nerviosos y aún traumatizados por todo lo que les ocurrió en el transcurso de los días. Se hospedaron en una cabaña, un poco más alejada del pueblo, que se encontraba más adentrada en el bosque. Descansaron una hora y no perdieron el tiempo.
Se pasearon por el pueblo, el cual parecía completamente fantasma, deshabitado, el único ruido que se percibía era el soplido de la brisa de otoño, y nada más. De pronto, un sujeto pálido con la mirada perdida se acercó a los detectives y empezó a gritar
-SE LOS ESTÁ LLEVANDO, SE LOS ESTÁ LLEVANDO, NO QUIERE QUE NOS ACERQUEMOS A LO QUE ESTÁ PROTEGIENDO- Deliraba el paisano.
Algunas personas salieron de una casa, escuchando los gritos y un hombre trató de calmar al loco.
-Tranquilo Armando, tranquilo, ¿por qué no vas a tomar algo a la cantina?-
El loco huyó despavorido sin decir una palabra. El otro hombre era un residente del pueblo, se llama Ernesto, parecía estar ''a cargo'' del lugar en estos momentos de histeria y pánico causados por las desapariciones y ataques de caníbales repetitivos.
-Detectives, al parecer vienen a resolver el caso- Comentó Ernesto, mientras estrechaba su mano con la de los hombres.
-Si, a eso venimos, ¿podría contarnos un poco en detalle la situación?- Contestó Peñuela.
-Bueno, este siempre fue un pueblo tranquilo, pero desde hace una semana, un grupo de personas muy extrañas nos ataca, son caníbales, vienen por nosotros a devorar nuestra carne, a mutilarnos y saborearnos... Nos escondemos día y noche para que nada malo nos suceda, pero también empezó a desaparecer gente, ya son unos 10 o 15 los desaparecidos dentro de la población, quedamos muy pocos, no sabemos qué hacer-
-Bien, puede estar tranquilo, vamos a hacer todo lo posible para cuidarlos y devolver a los desaparecidos al pueblo- Dijo Agüero
-Muchas gracias detective- Respondió Ernesto y volvió con su gente dentro de la casa donde se refugiaban del peligro.
Antes que que anochezca, reconocieron el lugar, buscaron pistas, hablaron con gente y no encontraron nada realmente... Bastante frustrados, se fueron a descansar en la cabaña. Era la 1 de la madrugada, cuando de pronto Agüero se despertó y no podía dormir. Se levantó, se preparó un mokaccino y se sentó en una silla a mirar por la ventana el bosque, iluminado por la luna llena. Era una noche estrellada, sin nubes, muy bella.
De pronto, mientras se mojaba los labios en la taza, escuchó un gemido de dolor, de horror, de sufrimiento, proveniente del bosque. Comenzó siendo un leve sonido, pero luego se transformó en una melodía lacerante. El detective despertó a sus compañeros y los invitó a investigar en el bosque, si, investigar el bosque en medio de la noche.
Salieron armados y con linternas, en busca de lo desconocido. Se guiaban por aquellos gemidos horrendos, que de a poco iban perturbando cada vez más y más a los tres hombres.
Entonces, se escuchó un ruido entre las plantas, como si algo se hubiera caído en el pasto. Agüero alumbró con su linterna y llegó a visualizar un cuerpo, de espaldas, sin ninguna herida, quieto.
El detective se acercó al cuerpo, y cuidadosamente lo dio vuelta, vio su rostro y exclamó
-¡Por Dios!- Agüero estaba cara a cara, literalmente, con una persona totalmente normal, solo que carecía de rostro, era como si estuviera vacío. No tenía ojos, no tenía boca, no tenía cejas, ni barbilla, ni pómulos, no tenía nada, pero su corazón continuaba latiendo...
Los detectives volvieron al pueblo cargando al cuerpo, y tratando de dormir un poco. A la mañana siguiente lo analizaron, estaba completamente bien, pero parecía dormido. De repente, comenzó a gemir de dolor, como si su boca estuviera cosida. No tenían como que hacer con él, no podía hablar, no podía ver, no podía hacer nada. Los detectives esa noche, volvieron al bosque, se adentraron aún más, en busca de aquellos gemidos de horror que provenían del corazón del mismo. Podía sentirse, estaban muy cerca, y fue entonces cuando encontraron unas gran casa en el medio del bosque. Vieja, abandonada, horrenda, espeluznante, no alcanzan los adjetivos para describir su fealdad y el miedo que provoca estar allí.
Abrieron la puerta de la casa y entraron lentamente, uno atrás del otro. Agüero iba al frente, alumbrando con su linterna. La casa estaba vacía, llena de telas de araña, polvo, antigüedad. Los gemidos venían del piso de arriba. Comenzaron a subir lentamente por las escaleras, y llegaron al piso de arriba, el cual aún continuaba vacío. Lo revisaron cuidadosa y silenciosamente. Vacío. Fue en ese momento cuando Peñuela descubrió la puerta de un ático, tiro de un cordel, bajó una escalera y los gemidos provenían de aquel cuarto, estaban a metros del objetivo. Subieron por esa escalera de madera que crujía con cada paso que daban para subir, Agüero al frente, alumbró con su linterna y de pronto se encontró con una multitud de personas, todas en el estado de aquel cuerpo que encontraron en el bosque el día anterior, los gemidos de esas personas 'mudas' penetraban sin cesar en las mentes de los detectives, era un ruido horrendo y muy tenebroso.
Los cuerpos estaban atados, sin heridas, y uno de ellos en particular TENÍA ROSTRO, entonces los detectives decidieron liberarlo, ellos ahora suponían que eran los habitantes del pueblo desaparecidos. De pronto se escuchó un crujir en las tablas del piso del ático, algo se movía, algo se acercaba reptando hacia donde se encontraban los 3 hombres armados, esperando el peligro. Esta persona que aún tenía rostro, comenzó a gritar horrorizado, los detectives se dieron la vuelta y se encontraron con una criatura venida del más allá, tenía una forma humanoide, negra como el alquitrán, poseía una especie de tentáculos y muchísimas caras (Como máscaras) alrededor de su figura. El monstruo se abalanzó sobre este joven, y en cuestión de segundo le arrancó el rostro, que añadiría entonces a su colección. Miró con sus numerosos ojos a los detectives, y estos comenzaron a correr, perseguidos por la criatura. Abrieron fuego, sin conseguir herirlo, el monstruo continuaba en su carrera por destruir a los detectives.
Se dividieron e intentaron idear un plan. La bestia comenzó ahora a rugir, furioso, pegaba alaridos apocalípticos. Agüero se vió en un mano a mano con la criatura, comenzó a disparar directo al cuerpo, mientras corría para despistarla. De Poli y Peñuela comenzaron a amontonar muebles viejos y sucios para realizar una barricada, así, en la sala, el monstruo no tenía retorno al ático. Agüero corrió y continuó disparando, De Poli salió de las sombras y abrió fuego también, en conjunto, le dispararon repetidas veces y lograron herirlo, le dispararon cerca del centro del ''pecho'', y se reveló algo. Era un rostro, pero completamente rojo, nos recordaba a un corazón. La criatura estaba encerrada, y los detectives se quedaron sin balas, pero el ingenio de Peñuela fue el que salvó el día. Dio un tiro certero y letal hacia aquella cara, justo antes de que logre devorar a sus compañeros, y cayó al suelo, gimiendo de dolor, hasta que esa sustancia negra se desvaneció y los rostros desaparecieron. Solamente quedó una cara, como una máscara, sin expresiones, blanca, con el impacto de la bala.
Volvieron al ático, y allí la gente se encontraba normal, todos recuperaron sus rostros, estaban shockeados y tristes, muchas gritaban y lloraban por la emoción. Escoltaron a los habitantes hasta el pueblo, y retornaron al mismo, victoriosos.
Aún no había salido el sol, y después de combatir contra esa horripilante criatura, no tuvieron mejor idea que irse a descansar. Agüero estaba leyendo el anotar que le había facilitado De Poli, donde ahí detallaba lo que Osvaldo había dicho en su lecho de muerte. Le llamó la atención algo, y sacó conjeturas.
-Caníbales... tribu de caníbales... secta... los ataques de caníbales...(Pensaba)-
Levanto la vista y miró por la ventana, allí estaba de nuevo, aquel rostro pálido, idéntico al que había visto en la casa del Sr. Peñuela, mirándolo, con ojos inexpresivos. Salió disparado del sillón y comenzó a gritar a sus compañeros, los cuales estaban dormidos.
-NO ES SEGURO, TENEMOS QUE SALIR DE AQUÍ- Vociferaba mientras corría eufórico y tomaba su arma.
Sus compañeros se despertaron sobresaltado, se pusieron juntos, espalda contra espalda, con sus armas cargadas, listos para el peligro. Se escuchaba el picaporte de la puerta, estaba siendo forzado, alguien quería entrar. En ese momento, una especie de humo de color negro comenzó a entrar por la rendija que queda debajo de la puerta, la cabaña comenzaba a inundarse de humo, y en ese momento, comenzó a arder en llamas, unas llamas que ardían como en el mismísimo infierno...
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